FRANCISCO “genocida” FAJARDO – DERECHO A REPLICA

FRAN

 

FRANCISCO “genocida” FAJARDO

DERECHO A REPLICA

Por: Jorge Mier Hoffman

Dice un viejo adagio popular:

“No tiene la culpa el ciego sino el que le da el garrote”

O sea, culpable es quien dicta más no el que habla

El pasado 28 de abril el alcalde del municipio Libertador Jorge Rodríguez, durante el acto juramentación de la red de concejales, hace temblar los cimientos de las academias con un exabrupto histórico que humilla el gentilicio de los nativos Guaiquerí:

“Cómo es posible que todavía haya una autopista en Caracas que se llame Francisco Fajardo, autor de uno de los genocidios más espantosos que haya conocido la historia de la humanidad contra nuestros abuelos y nuestras abuelas aborígenes, hay que cambiarle el nombre a esta autopista, suficientes héroes y próceres de nuestra independencia y de las luchas de nuestros pueblos tenemos para estar colocándole el nombre a una autopista de un genocida como Francisco Fajardo”

Pero ¿Quién fue Francisco Fajardo que el alcalde del municipio Libertador llama genocida?

Con la llegada de los conquistadores españoles, acompañados de curas y religiosos, la opción para los nativos que poblaban Venezuela era: esclavizar o morir ¡No había más que escoger! España creó un impuesto a la población nativa, según el cual todo indígena mayor de 14 años debía entregarle cada tres meses una “botija” llena de oro; aquellos que no vivían cerca de las minas, entregarían una “arroba” de algodón o cualquier otro fruto del campo. Los nativos rebeldes eran aniquilados en las hogueras, torturados o devorados por los perros entrenados; y los que no podían encontrar riquezas para el rey, eran esclavizados por los curas para trabajar en los campos de los colonos bajo la figura de “Encomienda”, es decir, que pagaban con su trabajo, lo que hacía ganar mucho dinero a los curas.

En Margarita, donde se hallaban los placeres perleros, explotados desde el año 1500, fue donde más crueldad se aplicó a los nativos guaqueríes; como lo denunció el fraile Bartolomé de las Casas:

“La tiranía de los españoles obligaban a los indios a sacar perlas de la manera más cruel. No hay peor suplicio infernal que se le pueda comparar… Los metían a la mar a cinco brazas de hondo desde la mañana hasta ponerse el sol. Si tratan de descansar los apuñalan. En pocos días mueren sangrando por la boca o los devoran los tiburones. La mayoría prefería morir ahogado antes de continuar el suplicio… Un barco puede viajar desde Cubagua hasta la Española, guiándose sólo por los cuerpos despedazados de indios que flotan en el mar”

Ya para el año 1531, el conquistador Alonso de Ojeda tuvo noticias de una región habitada por nativos “muy feroces todos”: teques, caracas, meregotos, cumanagotos, entre muchos otros. Tribus que 24 años más tarde tendrán contacto con los conquistadores, pero no a través de los genocidas españoles y alemanes que se pelaban las riquezas del territorio aniquilando a los indígenas, como Ambrosio Alfinger y los sediciosos banqueros alemanes Welser, sino por un hombre de su misma sangre, que en 1555 emprendió la colonización pacífica, en contraste a la barbarie europea. Su nombre Francisco Fajardo, como el primer gran mestizo que aparece en la historia de Venezuela: hijo de un hidalgo español e Isabel, una nativa guaiquerí descendiente del Gran Cacique Charaima, el “Señor de los Valles de Maya”.

Francisco Fajardo, consciente del poderío español y el genocidio que venían cometiendo contra la noble raza indígena, marcha hacia tierra firme junto a un grupo de sus hermanos guaiqueríes, con una sola misión: “La colonización pacifica de Venezuela”. Animado por su raza y el saber hablar la lengua indígena, desembarcó en las costas de “chuspa” en el litoral guaireño, logrando la paz con el temible cacique Naiguatá y fundando un poblado en Catia. Animado por sus logros, fue más allá hasta el Tocuyo. Pero eran tierras belicosas, y tuvo que guerrear para someter a las indoblegables tribus con su mensaje de paz “Mejor ser colonizado que ser exterminado”.

Su nombre se hizo mítico entre los militares españoles, quienes vieron en Francisco Fajardo la oportunidad de lograr por la pacificación lo que no habían podido con las guerras. Juan Jorge de Quiñones, Lázaro Vásquez, Cortés Richo, entre otros oficiales, son conducidos por el mestizo guaiquerí desde Caruao, pero fueron interceptados por el temible cacique Terepaima que elevaron sus flechas amenazantes, cuando la voz guaiquerí apaciguó a los guerreros, que vieron en el joven a un amigo, permitiéndole a Francisco Fajardo llegar en paz hasta Valencia. Terepaima y Francisco Fajardo entablaron una buena amistad, y en Catia Terepaima fundó un hato de ganado a sugerencia de Fajardo, demostrando así que se podía lograr la colonización en paz.

En el “valle del amaranto” que los nativos llamaban “caracas”, Fajardo fundó el pueblo de “San Francisco”, y con los nativos que venían con él construyó un poblado que llamó “Caraballeda”

Pero el oro, ese metal precioso que encendía la codicia y la maldad de los europeos, también convirtió al joven guaiquerí en un enemigo. La aparición de minas de oro en la región de Collado, donde reinaba Fajardo, hizo que el gobernador revocara sus títulos y posesiones, decretando la aniquilación de los indígenas, por ser una amenaza para los españoles que pronto invadieron esos territorios en busca del “dorado”.

La nueva autoridad del Collao, Pedro Miranda, organizó a los españoles en brigadas de asalto que aniquilaban a los nativos. Fue así como la pacificación que con tanto esfuerzo trabajo Francisco Fajardo, es eclipsada por la codicia de Pedro Miranda, que con sus acciones despertó un volcán a quien llamaban “Montaña de la Lanzas”, que la historia conocerá con el apelativo de “Guaicaipuro”, quien empleará el mismo método de los españoles para imponer su autoridad y acabar con sus enemigos: ¡El Terror!

Francisco Fajardo regresa a su isla Margarita, con la frustración de no haber logrado la paz que pusiera fin a la aniquilación de sus hermanos. En 1564 decide volver a empezar, pero al desembarcar en Cumaná es aprehendido por Alonso Cobos. Condenado a muerte por la Real Audiencia, Francis Fajardo fue ahorcado y su cuerpo desmembrado en cuatro partes. Murió el hijo de la cacica Isabel, pero dejó un legado inmortal que hoy con orgullo llevan los descendientes guaiqueríes de Margarita.

¿Quién le dijo al médico Jorge Rodríguez que Francisco Fajardo fue un genocida?

Si no fuera porque el cronista de Margarita Nicanor Navarro murió hace algunos años, hubiera asegurado que fue este señor Q.E.P.D., por su antecedente, en el 2003, de comparar a Bolívar con Hitler y Torquemada, para llamarlo genocida:

“A Bolívar le cobra la historia infinidad de muertes, como le cobra a Hitler su “holocausto” y a Truman su genocidio en Hiroshima y Nagasaky ¿Qué diferencia podría establecerse humanamente entre estos tres seres y el Torquemada español del Siglo XVI ? Contra Andrés Bello la historia no guarda rencor alguno. Entonces ¿por qué exhibirlo como un cobarde? Cobarde es quien asesina por capricho, cual es el caso del ajusticiamiento de Piar, la matanza de la llamada “Guerra a Muerte” y otros tantos crímenes cometidos por Bolívar en su afán de parecerse cada día más a Napoleón”

Recuerdo que en esa oportunidad, los furibundos historiadores del proceso bolivariano, los mismos que hoy callan ante esta afrenta a Francisco Fajardo, recogieron firmas que presentaron ante la Asamblea Nacional para exigir ¡Un Derecho a Réplica..!

Deja un comentario

Aún no hay comentarios.

Comments RSS TrackBack Identifier URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

  • PRESENTACION

    Si suelo ser inquisidor e implacable en el tema de Bolívar, es porque para mí la Doctrina Bolivariana es más que una religión a la que puede profesar cualquier creyente que sustenta su fe en la adoración o temor a lo desconocido y lo sobrenatural... y como fiel a los preceptos Bolivarianos, invoco en mis escritos lo dicho por el Libertador: "El que manda debe oír aunque sean las más duras verdades y, después de oídas, debe aprovecharse de ellas para corregir los males que producen los errores propios” Simón Bolívar
  • Blog Stats

    • 130,384 hits
  • Entradas recientes