Abajo el Telón

ABAJO EL TELÓN

Por: Jorge Mier Hoffman

Para un país como Venezuela, a quien la América le debe su libertad e independencia, por ser la Cuna del Padre de seis naciones, como lo es Simón Bolívar, por iniciativa del Presidente de la República Juan Pablo Rojas Paul, surgió la Academia Nacional de la Historia, con el objeto de recopilar todos esos guiones esparcidos en cualquier tarantín o baúl polvoriento, referidos a la historia de Venezuela, en el ánimo de mantener vigente esa obra patria que fue alabada por el mundo entero, y donde los venezolanos fuimos y seguimos siendo protagonistas.

Fue la intención de Rojas Paul, copiando la experiencia de otros lugares del planeta, designar a un grupo de notables, que serían los actores de esa obra inconmensurable, como lo es coleccionar impresos y manuscritos de alto valor histórico para su recopilación, transcripción y resguardo, entre los cuales se encuentra el Archivo del Libertador y la Biblioteca de Francisco de Miranda… Y apara evitar que estos 24 actores, de la obra que se estrena con el nombre de ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA, sean contagiados por las debilidades humanas de la egolatría, la vanidad, la petulancia, la pedantería y la ínfulas, de quienes se podrían considerar dueños de la verdad histórica, ante la inmensa responsabilidad de la obra que comenzarían a actuar, por Decreto de su creación se les denomina ¡¡¡NUMEROS!!!

 ¡Arriba el telón!

Y con esa expectativa, el 28 de octubre de 1888, los venezolanos nos sentamos en primera fila, para ser espectadores de una función, que nos ha dejado un mal gusto desde su primera función. El primer insulto a la fidelidad bolivariana que todos le debemos al Padre de la Patria, fue utilizar como Teatro para la obra, el mismo escenario que utilizó “La Cosiata” que conjuró la muerte de Bolívar, puesto que desde allí, se firmó la Proclama que desterró al Libertador, se celebró su muerte, y se auparon a los movimientos separatistas que disolvieron la Gran Colombia de Bolívar. En ese antiguo Convento, hoy sede de la Academia Nacional de la Historia, de sus paredes transpira la traición y el magnicidio que fue hurgado por José Antonio Páez, un traidor que hundió la patria en el estercolero, pero sin embargo es celebrado por algunos miembros de la Academia como un baluarte de nuestra historia.

La Academia Nacional de la Historia quizás tuvo un buen libreto, pero se hizo de algunos muy malos actores… Su libreto original ha pasado de la ilustración a la chabacanería, que salvo honrosas excepciones como la de José Luis Salcedo Bastardo entre otros notables venezolanos que intentaron en vano rescatar el libreto original, su elenco, en su mayoría, en cuanto a su actuación, han cambiado el libreto de la obra que están obligados a protagonizar, ya que desdicen del gentilicio bolivariano, al vociferar en plena actuación, que ellos ¡No son Bolivarianos! se jactan de declararse ¡Anti-bolivariano! y aún más allá, cuando vilipendian a Simón Bolívar, como el único y dueño de toda este escenario que tiene por nombre VENEZUELA.

Pero lo del 8 de abril del 2010, en el marco del BICENTENARIO, debe tomarse como el final de la obra denominada “ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA”

Se trata de un COMUNICADO que hacen algunos de sus miembros, quienes, como hizo Ricky Martín, salieron del closet, para declararse actores políticos, al pretenden dar lección de moral republicana, al decir textualmente:

“La Academia Nacional de la Historia, como institución encargada de preservar los principios históricos fundamentales que sustentan la nación, se dirige a los venezolanos para llamar la atención sobre los peligros que amenazan a la República: La intensidad de las urgencias que agobian a la sociedad, pero también la conmemoración del Bicentenario de la Independencia”

Este COMUNICADO que cambia radicalmente el libreto de lo que debió ser la Academia Nacional de la Historia, aunado que la Gaceta Oficial No. 39.402 del martes 13 de abril de 2010, ordena que el Archivo del Libertador y la Biblioteca de Miranda, sean trasladados al Archivo General de la Nación, es lo que en el argot del teatro se dice: 

¡…Abajo el Telón..!

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    Si suelo ser inquisidor e implacable en el tema de Bolívar, es porque para mí la Doctrina Bolivariana es más que una religión a la que puede profesar cualquier creyente que sustenta su fe en la adoración o temor a lo desconocido y lo sobrenatural... y como fiel a los preceptos Bolivarianos, invoco en mis escritos lo dicho por el Libertador: "El que manda debe oír aunque sean las más duras verdades y, después de oídas, debe aprovecharse de ellas para corregir los males que producen los errores propios” Simón Bolívar
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